Columnas

El poder de la experiencia

La experiencia es fuente de conocimiento, es el manantial de donde brota todo conocimiento y el conocimiento es lenguaje vivo y vive en la tradición de las sociedades.

El padre de la hermenéutica filosófica, Hans George Gadamer, recordaba que la experiencia es conocimiento de lo conocido, de lo reconocido como verdadero porque la vida enseña que las cosas pueden ser de una manera o de otra. Por eso, cuando se dice que un ser humano es de experiencia, lo que nos quieren confirmar es que es alguien que ofrece confianza.

La experiencia es manifestación de la prudencia del ser. Un ser humano con experiencia aprende a dudar y callar, también encuentra en escuchar al otro un acto de inteligencia y de amor a la sabiduría porque el otro puede tener la razón o por lo menos ayudar a que el conocimiento se perfeccione.

Algunas cosas cambian, nos enseña la experiencia, y escuchar es una forma de reconocer lo correcto o no de un conocimiento. Heráclito nos lo transmitió cuando en su célebre fragmento nos dijo: “En la vida todo fluye”.

Significa que todo cambia, pero la esencia de la verdad permanece y he aquí la importancia de la experiencia, es semejante a repetir que mediante esta se ofrece confianza y es un poder, no fácil de reconocer.

Experiencia no es repetir las cosas de la misma manera y con los mismos errores, una persona de experiencia aprende de estos. Experiencia es un conocimiento de lo reconocido que enseña a hacer las cosas como deben hacerse. Una persona de experiencia, reitero, es un individuo que genera confianza.

Hans-George Gadamer, en el tomo II de “Verdad y método” -recordando a August Boeckh-, dice: “…la experiencia es siempre conocimiento de lo conocido. Vivimos dentro de unas tradiciones, y estas no son una esfera parcial de nuestra experiencia del mundo, ni una tradición cultural que consta solo de textos y monumentos(…)”.

Es algo más, es la experiencia del hombre en el mundo, es, en el sentido culto de la palabra, un ser humano que vive en la tradición de la humanidad. Por esto, la experiencia es todo un poder en el mundo y no puede ser despreciado.

Las grandes civilizaciones le han reconocido y le reconocen un valor significativo a la experiencia y a las personas que la tienen. La cultura griega se ancló en ellas, tanto así que Sócrates en su defensa ante el Tribunal de Atenas y en su negativa a eludir la sentencia injusta de beber la cicuta narradas en los Diálogos de Platón, era un hombre de 70 años, como adultos mayores también fueron Solón y Pericles cuando gobernaron en forma excelente o cuando las obras trágicas de Esquilo y Sófocles salieron a la luz por estos hombres sabios. En este sentido, la experiencia no puede ser desechada, menos, desconocida.

Estas reflexiones acerca del valor de la experiencia para las sociedades humanas no es un rechazo a la juventud, de ninguna manera, por el contrario, es una invitación a que los jóvenes aprendan y se dejen guiar.

También es una invitación para que en el debate electoral del próximo 29 de octubre no se rechace el valor relevante de la experiencia por el simple hecho que un candidato al gobierno de los departamentos y municipios tenga sus canas. Insisto, la experiencia ofrece confianza y garantía de un buen gobierno, acorta los tiempos en la administración pública porque sabe que hay que hacer. ¡Reconozcamos el poder de la experiencia!

Por: Eduardo Verano de la Rosa.

Tomado de La República

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